Hay escritores que construyen mundos. Haruki Murakami construye agujeros en el nuestro. Nació en Kioto en 1949, creció entre la cultura pop occidental que absorbió como si fuera propia —el jazz, el rock, Raymond Carver, Raymond Chandler— hasta que en 1978 tuvo una revelación en un partido de béisbol: supo que podía escribir una novela. Lo hizo. Luego escribió otra. Y otra. Y en algún punto dejó de ser un fenómeno japonés para convertirse en algo más difícil de categorizar: un autor de culto global que vende millones de ejemplares, lo cual es una contradicción tan murakami como cualquiera de las que pueblan su ficción.
Porque eso es lo que hace Murakami con una eficacia perturbadora: instala lo inexplicable dentro de lo cotidiano con tal naturalidad que el lector no sabe exactamente en qué momento cruzó la línea. Sus protagonistas son hombres solos que cocinan pasta, escuchan a Coltrane y reciben llamadas de mujeres que quizás no existen. El mundo real y el mundo otro no se oponen en su obra; se superponen, como dos canciones en frecuencias distintas que de pronto sintonizan. Tokio, en sus páginas, es una ciudad completamente reconocible y completamente fantasmal al mismo tiempo.
“Tokio Blues” es la puerta de entrada más transitada, y con razón: es su novela más directamente emocional, casi sin elementos fantásticos, construida sobre la pérdida y la memoria con una precisión que duele. Pero quien quiera entender de qué va de verdad Murakami debería seguir con “Kafka en la orilla” o “La caza del carnero salvaje”, donde los mecanismos del sueño operan con total impunidad narrativa. Y quien aguante el vértigo, a “1Q84”, ese monumento de casi mil páginas donde dos lunas flotan sobre Tokio sin que nadie parezca sorprendido del todo.
Se le reprocha a veces cierta repetición de arquetipos, cierto ensimismamiento masculino, cierta evasión de respuestas. Los reproches son legítimos. Pero hay algo en su prosa —limpia, sin ornamentos, casi cinematográfica— que genera una extraña dependencia. Como el jazz, al que vuelve siempre: no termina de resolverse, y eso es exactamente lo que lo hace insoportablemente necesario.
En la última edición de Planeta Laberinto, el podcast de la Red Marciana, Jose Ceballos y Eusebio Arias se sumergen en los detalles del último lanzamiento editorial de Planeta Cómic, una recopilación de relatos de Murakami en formato novela gráfica, y analizan desde la importancia del “fenómeno Murakami” hasta el periplo de los autores al realizar esta adaptación, en una celebración de la literatura del japonés y el estado de gracia a la hora de adaptar al cómic la mejor literatura.
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